¿Por qué cambiar de caballo cuando aprendemos a montar?

Cuando comenzamos a montar hay factores que pueden influir en un correcto aprendizaje, especialmente en los más pequeños.

Uno de estos factores es el hecho de poder cambiar de caballo. La idea es aprender a montar a caballo no a un caballo en concreto. Por regla general, en las escuelas encontramos diferentes tipos de caballos, de mayor o menor dificultad; este hecho ayuda a que podamos aprender con diferentes caballos.

Es recomendable empezar a aprender con un caballo mayor y con experiencia, digamos que, un caballo acostumbrado a enseñar. Ojo, esto no se trata de montar lo que se denomina un “penco”, simplemente un caballo que no plantee muchas dificultades y que nos permita, entre otras cosas, conseguir un buen equilibrio.

En las primeras sesiones debemos conseguir automatizar algunos recursos técnicos (la presión de la pierna, el uso correcto de la mano en órdenes básicas, colocación de los hombros, etc.). Aquí es donde puede ser importante cambiar de caballo: montando un caballo poco enérgico (o vago) trabajaremos la presión de la pierna, montando un caballo más alegre trabajaremos la colocación de los hombros, etc.

También es importante, especialmente en los más pequeños, que el hecho de cambiar de caballo sea planteado como un reto, es decir, si el alumno consigue realizar determinados ejercicios o recursos correctamente podrá “verse recompensado” montando un caballo más complejo.

Más adelante también puede ser importante cambiar el caballo. Cuando el jinete tiene mayor control y realiza ejercicios más complicados (ejercicios de doma, recorridos de salto, etc.) podemos plantear el cambio de caballo con el objetivo de que el jinete mejore allí donde tiene más carencias. Jinetes que se acostumbran a montar caballos enérgicos pueden encontrarse con una falta de presión de la pierna, cuestión que les puede acarrear algún problema. Montar caballos menos enérgicos puede ayudar a que este jinete mejore su presión de la pierna.

Esto en cuanto al “tema físico”. Si nos centramos en el tema psicológico del jinete, es importante que cambie el caballo que monte, que varíe, que se encuentre con diferentes situaciones (complejas o no complejas) de cara a mejorar en su experiencia.

Pero tampoco hay que obcecarse en cambiar de caballo, porque en algunos casos puede ser aconsejable lo contrario. Si, por ejemplo, el jinete sufre alguna mala experiencia y pierde confianza, puede resultar muy positivo montar durante algunas sesiones consecutivas el mismo caballo, a fin de recuperar esta confianza.

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