La concentración del jinete

Hace algún tiempo escribí sobre la concentración del caballo  . Hoy voy a comentar La concentración del jinete.

Tan importante puede ser que el caballo se concentre como que el jinete también lo haga. Si el jinete está despistado o pensando en otra cosa, puede que no llegue a trabajar de forma correcta.

Alguna vez hemos podido observar a algún jinete que se sube a trabajar a su caballo, se encuentra con otro jinete, charlan durante un largo rato y después da “tres vueltas” y se vuelve a la cuadra. No digo que este trabajo sea perjudicial para el caballo, porque posiblemente dentro de la planificación del trabajo de este caballo tengamos alguna sesión así de suave. A lo que me refiero, es que este jinete no ha llegado a concentrarse en el trabajo de su caballo.

Otro ejemplo de falta de concentración puede darse cuando observamos a un jinete siendo excesivamente brusco con su caballo al inicio de la sesión de trabajo. En este tipo de casos el jinete puede haberse subido a su caballo enfadado o puede que tenga algún problema que haga que no esté adecuadamente centrado en el trabajo de su caballo.

¿Qué podemos hacer para llegar a concentrarnos sobre un caballo?

Cada jinete es un mundo… pero podremos encontrar algunas rutinas si no nos encontramos sobre nuestro caballo.

Algunas de estas rutinas pueden ser:

  • Realizar la sesión de trabajo en el campo, salir de la rutina.
  • Trabajar sobre un mismo ejercicio. Algo fácil y sencillo, un círculo por ejemplo.
  • Escuchar música. Siempre y cuando no podamos ser peligrosos para el resto de jinetes que haya en la pista.
  • Trabajar con la ayuda de alguien pie a tierra.
  • Trabajar junto con otro jinete.

 

Debo añadir que hay que valorar la concentración del jinete en competición. Tanto en la pista de ensayo, como en la pista de competición.

En la pista de ensayo debemos controlar los tiempos antes de entrar a concursar y estar pendientes del trabajo de nuestro caballo. En ocasiones si en la pista de ensayo hay muchos caballos esto puede resultar difícil (más cuando la experiencia del jinete en competición no es muy amplia). En la pista de concurso debemos tratar de estar aislados de lo que se produzca fuera de ella.

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Jinetes despistados

A veces sucede, todos los jinetes podemos tener algún despiste. La cuestión es que estos hechos pueden tener mayor o menor repercusión, porque hay despistes más graves que otros. Vamos a comentar algunos de los despistes que nos podemos encontrar, tanto pie a tierra como a caballo.

Despistes pie a tierra:

  • Que se escape un caballo en una pista donde se encuentran más caballos trabajando. Un jinete desmonta no sujetando correctamente su caballo y éste se escapa, pudiendo provocar problemas a otros jinetes o caballos.
  • No atar correctamente a un caballo. Tanto en las cuadras, en vallas o camiones o remolques, el hecho de no realizar correctamente el nudo del ronzal o ramal de un caballo puede provocar que éste se escape y genere problemas con otros caballos o jinetes.
  • No cerrar correctamente la puerta del box (se puede dar el caso de que el caballo abra el cierre de la puerta, ante lo cual habrá que emplear otro método para el cierre de la misma). Esto puede provocar que el caballo genere problemas dentro de las cuadras con otros caballos, que coma una cantidad desproporcionada de comida (en ocasiones encontramos cuadras con comida próxima a los caballos), etc. Si el problema se da con un caballo entero, puede ser un problema si en las mismas cuadras nos encontramos con yeguas (y viceversa).

 

Despistes a caballo:

  • Mal ajuste del equipo. Cincha mal apretada (puede provocar que la montura se de la vuelta), cabezada mal ajustada, muserola poco apretada, etc. Estos errores pueden provocar heridas o rozaduras al caballo.
  • No respetar las normas de la pista. Este hecho puede provocar choques entre caballos e incluso contra la valla.
  • Cruzarse con otro caballo. Esto puede darse en el trabajo por la pista, mientras uno de los caballos se encuentra saltando, etc. Este despiste puede provocar que uno de los jinetes deba variar su trayectoria (saltando puede provocar un susto en el propio obstáculo).

 

Algunos de estos despistes puede ser habitual en los jinetes con menor experiencia, pero resulta menos habitual observarlo en jinetes experimentados.

Como ya comenté en un artículo anterior, siempre debe imperar el sentido común /sentido-comun-caballo/ . De esta forma, algunos incidentes serán evitados en parte o en su totalidad, haciendo de la equitación un deporte más seguro.

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Comprar un caballo

A la hora de comprar un caballo pueden aparecer dos figuras la del comprador (cliente o alumno) y la del asesor (profesor o entrenador). Que éste último sea una persona de confianza puede resultar importante.

Una de las frases o premisas que suele ser habitual es la de bueno, bonito y barato,y pero esto último finalmente puede darse o no. Es interesante conocer qué es lo bueno para el alumno en cuestión, porque no todos los caballos son buenos para todo el mundo. Por tanto, un hecho importante es conocer y saber cuál es el caballo adecuado para el jinete que está interesado en adquirir uno. Para ello debemos conocer cuál va a ser el fin para el que queremos el caballo (no será lo mismo un caballo para competir que uno para pasear por el campo, por ejemplo).

Otra cuestión que debemos conocer es el nivel de equitación que tiene el comprador (sí es alumno del asesor, esto debe resultar sencillo). En función del nivel podremos buscar el perfil de caballo más adecuado.

En función del fin del futuro caballo así podremos dar mayor importancia a diferentes factores. Tomando el ejemplo anterior, para un caballo de competición puede tener menos relevancia la capa del caballo, o para alguien que quiera un caballo para pasear por el campo puede que no tenga interés en conocer si el caballo ha obtenido grandes resultados en competición.

Un factor que resulta fundamental es la salud del caballo, y en este punto aparece la figura del veterinario. Es importante que nuestro veterinario haga una revisión antes de efectuar la compradel caballo. Esta revisión puede ser más exhaustiva en función del fin del caballo, porque pueden aparecer lesiones que no impidan que el caballo sea funcional para el comprador, y en este punto el veterinario debe valorar para qué actividad va a destinarse el caballo.

Los factores que pueden influir en la decisión de comprar un caballo pueden ser:

  • Actividad que realiza. Es muy habitual buscar caballos que tengan experiencia en el fin para el cual así lo vamos a utilizar. Por ejemplo, si queremos competir en salto buscaremos un caballo con experiencia en esta disciplina.
  • Edad. Este factor puede ser muy importante. Por ejemplo, un caballo con poca experiencia y un jinete también inexperto pueden no resultar ser una buena combinación
  • Morfología. Puede resultar importante para diferentes actividades o disciplinas.
  • Raza. Hay razas que tradicionalmente se han enfocado a diferentes disciplinas, y también dentro de estas razas se ha ido mejorando el perfil de los caballos enfocados hacia esa disciplina.
  • SALUD. Quizá sea el factor más importante. Un caballo puede ser la elección ideal para un jinete, pero por un problema de salud no ser apto para la práctica de su disciplina o actividad.
  • Precio. Es necesario conocer el presupuesto por parte del comprador, ver caballos que se salen de presupuesto puede resultar una pérdida de tiempo.

 

Cuando nos disponemos a comprar un caballo nos podemos encontrar con distintos problemas: que las expectativas que nos han contado acerca del caballo no se ajustan con lo que estamos probando, problemas de salud, problemas de manejo, etc. Por eso puede resultar muy importante probar en una o dos ocasiones el caballo que nos han ofrecido y observarlo montado, pie a tierra y por supuesto tener la posibilidad de que lo valore nuestro veterinario de confianza.

En ocasiones, aunque no suele ser muy habitual, podemos tener la posibilidad de que nos cedan el caballo durante un breve periodo de tiempo como prueba antes de efectuar la compra. Sí esto sucede podremos conocer casi todos los comportamientos del caballo en cuestión, hecho que puede facilitar conocer todas las virtudes o defectos del caballo, pero no significa que podamos llegar a conocerlo al cien por cien.

Si efectuamos la búsqueda a través de un asesor (profesor o entrenador he comentado anteriormente, aunque puede ser un asesor puntual), es adecuado hacerle caso y seguir sus recomendaciones, sin olvidar que la última palabra la debe tener el comprador.

Sí lo que buscamos es un caballo con experiencia en competición es importante conocer sus resultados a lo largo de su vida deportiva, valorarlos e incluso verlo en competición o videos de las mismas. Atención a quien ha obtenido los resultados, porque no será lo mismo un jinete profesional que uno amateur.

Valorar también las posibles inversiones, buscar caballos con poca experiencia, e incluso sin ella, y tratar de que mediante el trabajo puedan resultar apropiados. Quizá esta opción puede ser más apropiada para jinetes más experimentados. Ojo con realizar experimentos extraños.

La compra de un caballo no siempre resulta sencilla. Tomarlo con relativa tranquilidad puede ser importante, porque decisiones poco reflexionadas pueden resultar negativas a medio plazo.

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Vuelta al trabajo

Algunos caballos a lo largo de la temporada tienen un periodo de descanso. Pero tras este periodo puede resultar necesario volver a poner en forma a nuestro caballo.

Por regla general este descanso suele realizarse en un prado, un paddock o un cercado, en donde el caballo se encuentra en libertad o en semi-libertad.

Lo primero que debemos hacer, es una valoración del estado del caballo. Al haber estado en libertad habrá que observar:

  • Los cascos. En función del caballo, del tipo de prado o cercado, de si se suelta junto con otro/os caballos (e incluso del gusto personal). El caballo se descalza o puede perder una o varias herraduras, así es que es importante ver como se encuentran los cascos, si tiene algún problema en los mismos y si es necesaria la visita del herrador. Los impactos en la palma del casco pueden resultar dolorosos para el caballo, así como producir algún tipo de cojera.
  • Posibles heridas. Ramas, piedras o alguna zona con suelo duro pueden provocar diferentes heridas en el caballo. Prestamos atención a la extremidades (los corvejones principalmente), la punta de la cadera, la zona de la cara, etc.
  • Estado físico. Si ha perdido o ganado peso.
  • Posibles parásitos o moscas.

 

Tras esta valoración debemos plantear y programar un plan de trabajo. Lógicamente este plan de trabajo debe realizarse en función del estado del caballo, de su actividad, de su edad, de la duración del periodo de descanso, del tiempo que tenemos frente a una posible competición, etc.

Cada caballo es diferente, con lo que debemos plantear un trabajo específico para cada caballo. Podemos tener algunas premisas comunes para la gran mayoría de ellos.

Las primeras sesiones de trabajo después del descanso pueden realizarse así:

  • Trabajo a la cuerda. Podremos trabajar con algún rendaje auxiliar.
  • Subir y bajar cuestas. Al paso y posteriormente al trote.
  • Trabajo en el campo.
  • Ejercicios con barras, cavalletis, etc.
  • Saltos pequeños.
  • Series cortas de trote y galope.

 

Es importante organizar correctamente el trabajo para que nuestro caballo pueda recuperar la forma lo antes posible, pero de manera gradual. Incluso se pueden programar 2 sesiones de trabajo al día.

Ir aumentando progresivamente el trabajo y observar la evolución de nuestro caballo ayuda a que éste vaya entrando en el trabajo, y recuperando así el estado físico anterior al periodo de descanso.

Por último, hay que tener en cuenta que puede resultar interesante comentar con el veterinario el trabajo a realizar después de que nuestro caballo haya pasado un periodo de descanso.

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Enseñar, entrenar, formar, transmitir…

Estos conceptos en ocasiones pueden representar todo lo que realiza un profesor/entrenador con su jinete.

Debemos evitar el concepto de teledirigir a nuestro alumno. Bien es cierto que debemos guiar, pero siempre tratando de que el jinete sea capaz de pensar por si mismo. Se trata de preparar al alumno en cuestión para que sepa reaccionar o responder frente a situaciones que puedan resultar comprometidas. También debemos tener en cuenta que debe ser capaz de trabajar un caballo por sí mismo (dependiendo del nivel del alumno, lógicamente).

Es importante tener una comunicación fluida entre el profesor/entrenador y el alumno. Cuando hablo de comunicación no sólo me refiero a que el profesor habla y el jinete escucha, debemos prestar atención a que el alumno también hable, que haya feed-back con el entrenador. Esta comunicación no debe tener interferencias (los padres, por ejemplo). Alumno y profesor deben ser capaces de comunicarse y trasladar aquello que piensan o sienten (el alumno, principalmente, sobre su caballo).

Muchas veces pie a tierra se aprecia una cosa y sobre la montura es otra distinta. En este punto podemos encontrar un buen equilibrio para que jinete y caballo sean capaces de obtener el mayor rendimiento posible (no sólo en competición, sino también en el día a día).

Lo interesante es que el profesor/entrenador tenga la capacidad de transmitir lo máximo posible a su alumno y que éste sea capaz de absorber la mayor cantidad de información o conocimientos posibles. Hay que ser conscientes de que en un periodo corto de tiempo no siempre somos capaces de asimilar conceptos y tampoco de poder enseñar todo lo que pretendemos. El tiempo no debería estar preestablecido, a veces una sesión de trabajo será suficiente y, por el contrario, igual necesitamos varias más para conseguir aplicar el concepto en cuestión.

Cambiar impresiones, sobre un recorrido de un concurso, por ejemplo, puede ser importante a la hora de entender lo que el profesor/entrenador quiere, ya que en este supuesto el alumno se encuentra “solo ante el peligro” y es cuando debe tratar de resolver por sí solo posibles situaciones que bajo la dirección del profesor resultan sencillas.

El uso del vídeo a veces ayuda. Visualizar conjuntamente (alumno y profesor /entrenador) una sesión de trabajo o una competición ayuda a que las ideas puedan ser comentadas por ambos. No se trata únicamente de ver y valorar los fallos o defectos, también debemos hacer hincapié en los aciertos y acciones positivas realizadas por el alumno. De esta manera se pueden poner en común diferentes aspectos de la monta del alumno. Estos aspectos pueden variar en función de la disciplina que se practique.

La actitud por ambas partes debe ser positiva. Un profesor que no quiere enseñar o que no tiene motivación para ello lo más que va a conseguir es desmotivar o aburrir al jinete. Por otra parte, un alumno que no quiere aprender o que considera que el profesor no le puede aportar, puede conseguir que su nivel de monta empeore.

La confianza entre profesor/entrenador y alumno debe ser prácticamente total. Por un lado, el profesor debe confiar en que el alumno sea capaz de poder asimilar lo que le está explicando/enseñando. Por otro lado, y el alumno debe confiar en que su profesor/entrenador sea capaz de transmitirle lo que lo que le está contando/mostrando. Poner en común las impresiones de ambos puede ser importante para que haya un aprendizaje real. Eso, además, mejora la confianza, compenetración y complicidad entre ambos.

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Trabajar sobre una triple barra

La triple barra es un tipo de obstáculo habitual en concursos. Es un obstáculo ascendente, es decir, la primera barra que se coloca en el salto es más baja que el resto, la segunda barra es más alta que la primera y más baja que el resto, etc.

Es importante colocar bien la triple barra, de manera proporcional. No podemos caer en el error de colocarla cóncava, ni de que alguna de sus barras no esté bien colocada. Por ejemplo, si colocamos 3 barras no puede haber 2 de ellas a la misma altura. La proporción debe ser en altura y en profundidad.

Para empezar a trabajar con la triple barra podemos colocar un oxer voleado, es decir, un fondo en donde la primera barra esté a menos altura que la segunda barra. Posteriormente podemos añadir una barra más baja (delante) o más alta (detrás).

También podremos facilitar que se tome la triple barra mediante la colocación de barras de tranqueo (una, dos, tres, etc) delante de la entrada a la triple barra. Estas barras deben colocarse para facilitar la entrada, es decir, para venir con un buen ritmo de galope (no menos de 3 metros entre las barras). Este ejercicio lo podemos realizar primero con el fondo voleado y posteriormente colocar la triple barra.

Ejercicios con una triple barra:

  • Colocamos una calle con dos obstáculos. El primer elemento de la calle será la triple barra, como segundo elemento podemos colocar un vertical o un oxer. La calle la podemos colocar a 4, 5, 6 trancos, etc.
  • Colocamos una calle con tres obstáculos, incluyendo un doble. El primer elemento será la triple barra, el segundo elemento será un doble de verticales y como tercer elemento colocaremos un oxer (podremos colocarlo en línea recta o sobre la vuelta). Las distancias podemos variarlas de un elemento a otro. Empezamos colocando la triple barra y el primer elemento del doble; posteriormente añadimos el segundo elemento del doble y por último añadimos el oxer.
  • Colocamos un doble a un tranco. El primer elemento del doble será una triple barra y el segundo será un vertical. Podemos colocarlo también a dos trancos.
  • En el caso de que cuando coloquemos la triple barra como primer elemento de una calle el caballo se apriete hacia el segundo salto, podemos trabajar colocando barras para que marquen los trancos que debe dar nuestro caballo.
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Planificar el trabajo de un caballo

Forma física, alimentación, entrenamiento, concursos… Todos estos conceptos tienen un factor común: la planificación o programación del trabajo de nuestro caballo.

Este es un concepto que quizá tardé más de la cuenta en adquirir (de hecho sigo mejorando todo lo que se relaciona con ello), pero que de un tiempo a esta parte resulta importante en mi trabajo con los caballos.

Planificar el trabajo nos puede ayudar a obtener mejoras en nuestro caballo, no sólo de cara a la competición, sino que también se pueden apreciar en el trabajo diario.

¿Qué factores podemos tener en cuenta a la hora de planificar el trabajo?

  • Estado físico o de forma del caballo.

  • Edad del caballo.

  • Disciplina a la que se dedica el caballo.

  • Objetivos a corto, medio y largo plazo.

  • Jinete habitual del caballo.

  • Alimentación.

  • Sesiones de trabajo.

  • Competiciones.

  • Estado de la salud del caballo.

¿Cuándo debemos planificar?

Lo ideal es planificar al principio de la temporada, cuestión que no impide que se pueda reprogramar en algún momento de la temporada. Podemos plantear repasar la planificación mensualmente, trimestralmente, después de cada competición, etc.

También podemos planificar de cara a una competición que tenga importancia para nosotros como jinetes o para nuestro caballo. Este hecho puede incluir pruebas de menor importancia dentro de la programación del trabajo.

Valorar y analizar cómo está el caballo puede darnos pistas para saber si debemos modificar o no el trabajo que estamos realizando. Es posible que en el trabajo diario no lleguemos a ver algunas carencias de nuestro caballo, cuestión que igual es más fácil de valorar en una competición.

¿Qué sesiones de trabajo podemos incluir en nuestra planificación del trabajo de la temporada?

  • Sesiones de trabajo de salto.

  • Sesiones de trabajo de doma.

  • Sesiones de trabajo de resistencia.

  • Sesiones de trabajo en el campo.

  • Sesiones de trabajo a la cuerda.

  • Descanso (tipo de descanso: en el box, en el paddock, paseo de la mano, etc.).

¿Cómo organizar el trabajo?

Debemos tener clara la disponibilidad para trabajar a nuestro caballo, teniendo en cuenta cuando competimos y el nivel de exigencia de estas competiciones.

Aumentar progresivamente el nivel y la intensidad del trabajo. Podemos organizar el trabajo en ciclos. Estos ciclos pueden ser cortos (un mes, por ejemplo) o largos (6 meses, por ejemplo).

Los concursos se deben incluir en la organización. En la medida de lo posible conviene incluirlos dentro de los ciclos, valorando su nivel e importancia.

En cualquier caso, hay que tener presente que no siempre la planificación estará enfocada a la competición, porque no todos los caballos tienen como fin competir.

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